Epidemias ( y COVID-19).    Los nombres importan.

Desde principios de este año venimos oyendo al presidente Trump y otros hablar del «virus chino», el «virus rojo»(comunista), la «neumonía de Wuhan»,… con claras intenciones molestas para China. 

En las epidemias, y algunas enfermedades bien conocidas, la denominación se ha utilizado como estigma, arma económica o política. Se han nombrado con el epónimo del lugar geográfico, la época o el descubridor (o descriptor), que después ha servido a veces como arma arrojadiza

Al emperador bizantino Justiniano se le identifica en la historia, más que por sus numerosas conquistas, por la «Plaga de Justiniano», peste que diezmó su imperio. En el siglo XVII, Viena, sede de los Habsburgo, pasaba por ser la capital europea. La peste negra, que asoló todas las grandes ciudades de Europa, se cebó en Viena (1679) como «la gran peste». Estigma que la dejó a un bajo nivel de «marca»

Tras el Descubrimiento de América, la sífilis se extendió por Europa. Faltó tiempo para pasar factura política denominándola » mal español». La reacción no se hizo esperar y, cual arma arrojadiza, se fue conociendo como «mal francés», «mal napolitano»,…según conviniera.

Con diversas connotaciones tenemos otros ejemplos como las «fiebres de la isla de Malta», «de La Oroya», (enfermedad de Carrión o verruga peruana, 3 epónimos para una enfermedad), la «hemorrágica del Nilo» o la «enfermedad del Ébola», cuyo río ha quedado marcado por el mortal proceso; la enfermedad de Chagas, en homenaje al brasileño Carlos Chagas, hoy supone un nombre maldito para muchos enfermos

Un curioso proceso, alentado por la competencia, tuvo en vilo el futuro turístico de la costa levantina. Fue la neumonia de Benidorm, de causa desconocida, denominada en Europa como «Benidorm Bug». La enfermedad, iniciada en 1973, en un hotel de la citada localidad, afectó a un buen número de turistas ingleses con algunas muertes e hizo temblar el futuro turístico de la zona. Providencialmente, en 1976, el brote de un cuadro similar entre los legionarios asistentes a una convención en Filadelfia, concluyó con el hallazgo del agente causal, Legionella. Se borró el nombre de Benidorm de la patología, recuperando la buena marca turística, a pesar de seguir apareciendo muchos casos en los años siguientes.

Las epidemias de gripe (influenza) han engordado notablemente la literatura. La paradoja de la «gripe española»es que se inició en Kansas, primavera de 1918, y se extendió por todo el mundo. En otoño, cuando todavía no había terminado la 1ª Guerra Mundial, se extendió como un rebrote o 2ª oleada por Europa con alta mortalidad en España, que no había participado en la Guerra. Se extendió el nombre de «gripe española» como un estigma sin reacción ni rectificación alguna.

Luego, en 1957, los servicios médicos del ejército americano detectaron en China cuadros gripales que, sin reacción alguna( EEUU mandaba mucho), se empezó a denominar «gripe asiática», ligando el nuevo virus (tipo H2-N2 ) a convivencia con animales exóticos, falta de higiene y hábitos «raros» de los ciudadanos chinos. Diez años más tarde, otra pandemia parecida recibe el nombre de gripe de Hong Kong (colonia británica) que puede perjudicar el «buen nombre» de la ciudad. Coincide con la respuesta de la OMS que adoptó en 1967 el Reglamento de Nomenclaturas, fundamental para la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Lo citado debió ser eficaz porque en 1997 surgió otra gripe localizada de nuevo en Asia que afectó masivamente a aves y de forma marginal a humanos. Ya recibió directamente el nombre de «gripe aviar(H5-N1)». Este papel de la OMS no siempre ha sido eficaz. Veamos ejemplos recientes del siglo XXI.

En 2002, provincia de Guandong-China, surge una epidemia de un tipo de neumonia diferente de etiología desconocida, que China oculta. Ante la extensión de la infección y la presión internacional, los chinos reconocen la neumonía como «atípica», bastante común pero falso, y más tarde como «neumonía asiática» con la oposición de China. El asunto queda resuelto en la OMS con el nombre de» SARS» (Síndrome Agudo Respiratorio Severo) producido por un coronavirus : SARS-CoV

En 2009, abril, se diagnostica un brote de gripe en Méjico relacionado con una granja de cerdos; el nombre está servido: «gripe porcina mejicana» con gran enfado de los mejicanos. Además, para sorpresa y preocupación de todos, se identificó al agente causal con el virus gripal H1-N1, que produjo la gripe española del 18. ¡ Otra vez la «española»! .Quiso la suerte que el CDC de Atlanta, identificara por aquellos días el mismo virus en dos niños norteamericanos que habían enfermado antes de abril, en el mes de marzo. Estaba claro el inmediato cambio de nombre por:»gripe porcina norteamericana». ¡AAhh…eso no gustó! y rápidamente la OMS decidió denominarla «gripe A (H1-N1) y al virus causal, para evitar confusiones con el responsable de la gripe española, pasa a llamarse «H1-N1/09»; y todos contentos.

Respecto a la Pandemia que estamos padeciendo por coronavirus, la política estuvo presente desde el principio, como veíamos con el «virus chino»…A propuesta de China, también en esta ocasión la OMS fue diligente para solucionar el posible conflicto, proponiendo de inmediato el nombre: «enfermedad Respiratoria Aguda 2019-nCoV»(n=nuevo, CoV=Corona Virus). Poco después se consensuó su cambio definitivo a enfermedad: «COVID-19». (D=Disease, 19=año descripción brote). Y al virus responsable, el Comité Internacional de Nomenclatura de Virus lo denominó «SRAS-CoV-2» .

Es cierto que los Organismos Internacionales han avanzado en poner orden en la nomenclatura, taxonomía y clasificación de enfermedades y agentes patógenos; pero lleva su tiempo y con frecuencia el lenguaje, como arma arrojadiza, es más rápido. Otra dificultad basada en la tradición y el idioma pueden llevar a serias confusiones. En España aparecen datos históricos mezclados de tifus y fiebres tifoideas, sarampión y sarampión alemán o rubeola, antrax y carbunco…

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