Cuando Ehrlich, a principios del siglo XX describió la “bala mágica” para referirse a la toxicidad selectiva de los antibióticos que debería destruir las bacterias respetando las células humanas abrió la puerta a un nuevo postulado “cada agente causal será destruido por un antibiótico específico”.

antibióticos creación

 

Afortunadamente no ha sido así (necesitaríamos miles) aunque muchos ciudadanos identifican infección con tratamiento antibiótico y exigen el específico para cada caso.

Hoy vemos que la especificidad no se cumple. Una infección puede ser curada con diferentes antibióticos activos. Un antibiótico con espectro adecuado puede curar varios tipos de infecciones. Y nos encontramos también con infecciones para las que no tenemos ningún antibiótico útil (víricas, multi-resistencias). Incluso hay casos en que es más útil un antiséptico, tratamiento quirúrgico o dejarlo en observación.

Además de los antisépticos  y biocidas en general hay numerosos fármacos con actividad antimicrobiana como la aspirina, algunos antihistamínicos, analgésicos, antiácidos o antineoplásicos.

En otro sentido los antibióticos tienen una gran variedad de actividades y aplicaciones no antimicrobianas: Los efectos secundarios traducen multitud de acciones sobre células superiores. La actividad antineoplásica (dexorubicina, mitomicina C…) recuerda el origen conceptual común de antibióticos y antineoplásicos (toxicidad selectiva= quimioterapia). La estreptomicina permitió a Luria y Delbruck desarrollar el “análisis de fluctuación” (1943) para explicar el azar y la selección como base del evolucionismo. Las resistencias antimicrobianas suponen una gran aportación a la genética.

Por su actividad se han usado, y abusado, como conservantes de numerosos productos (farmacológicos, biológicos, biomateriales…) incluyendo alimentos. Tenemos ejemplos como la natamicina o la nisina para quesos y embutidos, muy debatidos en el comercio internacional. Mas conflictivo es el empleo de antibióticos como promotores de engorde, todavía en vigor en muchos países.

Otra aplicación poco conocida es el diagnóstico con algunos ejemplos destacables. La nitrocefina es una cefalosporina cromogénica, utilizada desde hace unos 25 años en el laboratorio como sustrato para determinar la presencia de betalactamasas de las bacterias resistentes a penicilinas y cefalosporinas. La novobiocina es un curioso antibiótico natural obtenido en 1956. Un disco de papel con una carga de 5 microgramos permite diferenciar los estafilococos coagulasa (-) mas frecuentes S. saprophiticus y S. epidermidis. La optochina o etilhidrocupreina, derivado de la quinina fue indicada inicialmente para el neumococo. Ha quedado reducido su uso al diagnóstico de laboratorio por la alta toxicidad en el hombre. Diferencia los neumococos (sensibles) de los demás Streptococcus. La bacitracina se ha usado tópicamente y en veterinaria. Al inhibir selectivamente a los pyogenes (hemolítico del grupo A) y no a los demás estreptococos facilita el diagnóstico. Microorganismos como Proteus y Pseudomonass crecen en velo (fenómeno de Swarming) que a veces dificulta el diagnóstico. La resistencia a colistina de los primeros facilita la diferenciación. La resistencia de anaerobios a cualquier aminoglicósido, así como la de los aerobios y facultativos a metronidazol, es de aplicación práctica en microbiología.

Los mismos antibiogramas dan una valiosa información al observador cuidadoso. Un disco de cloxacilina, ampicilina, amoxicilina/clavulánico, cefalotina o gentamicina informan del tipo de resistencia, enzimas inactivantes, fenómenos de sinergismo etc. Con un poco de imaginación combinando las posibilidades del antibiograma, se puede hacer biología molecular “artesanal”.

El medio Thayer Martin (VCN agar) es quizás el ejemplo mas conocido de antibióticos en medio de cultivo selectivo de enriquecimiento para Neisserias. Vancomicina, colistina, nistatina y trimetoprima, evitan el crecimiento de la mayoría de microorganismos presentes en muestras uretrales, faringe o rectales salvo Neisserias.

En los rastreos epidemiológicos, sobre todo en infecciones hospitalarias, con frecuencia se pasa por alto la eficacia de la caracterización bioquímica (biotipado) y del antibiograma (antibiotipado). Pequeñas diferencias en la sensibilidad a los antibióticos pueden resultar discriminadores en una misma especie dependiendo del origen de la muestra, especialmente cuando se producen brotes hospitalarios.

Los aspectos citados son ejemplos de eficacia en la investigación traslacional con antibióticos que desbordan el tradicional campo de la quimioterapia.

J. Prieto. Los antibióticos no son herramientas terapéuticas exclusivas ni específicas

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