COVID-19 y Distancia Social

No era imaginable que la distancia social fuera defendida por los políticos y el resto de la ciudadanía en el siglo XXI . Cuando lo políticamente correcto era impulsar medidas de igualdad, integración, inclusión y reducción, cuando no eliminación, de distancias sociales, llega la COVID-19 que nos obliga a mantenerlas e incrementarlas. Es sorprendente observar a políticos «progresistas» pidiendo aumentar las distancias sociales. ¿Cambio ideológico o semántico ?.

La distancia social se refiere a la percepción personal que siente cada uno sobre su cercanía o lejanía de los grupos de ciudadanos de otra lengua, etnia, cultura, nivel de renta, posición social, género, etc. La valoración de esta percepción es subjetiva y , con frecuencia, está marcada por prejuicios o estereotipos. De aquí las cautelas sociopolíticas. Cuando se mide, en encuestas, los resultados se expresan en: % de rechazo, afinidad o aprobación, evolución en el tiempo, etc.

Los conceptos desarrollados en torno a la distancia social tienen su protagonismo en el ámbito de la lucha de clases, la sociología del trabajo y el orden social. Pretenden destacar grupos de estatus diferentes. En las clases mas altas la distancia social ( Giner y cols.) se expresa con «rituales de evitación», que se modifican en épocas de crisis. como: despedir a una parte del servicio, evitar el transporte público, evitar los hospitales públicos en caso de enfermedad o tomar «vacaciones» lejos de su ciudad. («Mi consejo y parecer/ es que el que quiera librarse/ de la peste, salga urgente/ vaya lejos,vuelva tarde/».A.de Burgos, siglo XVII ).

También en tiempos difíciles las clases altas, si encuentran algún beneficio, siguen los «rituales de presentación-proximidad» como visitas y reuniones con uniforme, ruedas de prensa, guardaespaldas, chófer…eso sí, manteniendo los protocolos de distancia social.

Personas o grupos con componentes ideológicos, de tradición, ignorancia o provocación presumen de romper la distancia social. Tenemos muchos ejemplos recientes, como la cita de los sanitarios ante el IFEMA para aplaudir a la Presidenta de Madrid o la imagen en el Congreso de diputados «juntitos» afines al Presidente aplaudiéndole; los funerales y los ritos de iniciación ( fiestas de cumpleaños, de mayoría de edad, bodas etc.) , reúnen gentes de muy diversos grupos y estratos sociales. Los » botellones», fiestas nocturnas, manifestaciones, etc. responden a acciones de ignorancia o provocación, o ambas.

De una u otra forma la aplicación de la distancia social persigue unos objetivos sanitarios de eficacia más que sabida, pero conlleva serias consecuencias sociales que es preciso destacar

En la pandemia que sufrimos actualmente, el aumento de la distancia social es similar al de todas las epidemias cebándose en los más desfavorecidos, que son los de siempre. Veamos algunas situaciones:

1) Los distritos más pobres, superpoblados y confinados en pequeñas viviendas, suman más enfermos, hasta tres veces más que los de clase alta.

2) La asistencia sanitaria pública se satura antes que la privada, aspecto fundamental en las opciones de futuro, vedadas a los más desfavorecidos. Algo similar ocurre con las residencias de ancianos.

3) Veremos una distancia social abismal entre los niños confinados que tienen perdido un curso, a pesar de la bienintencionada Administración, y los que disponen de ordenadores y apoyos educativos.

4) La distancia social entre políticos y ciudadanos es escandalosa o , cuando menos, poco ejemplar. Vacaciones, villas de veraneo, aviones público-privados,…aireados en los medios de comunicación.

5) Las restricciones en movimientos de personas y de los propios medios de transporte (a igual nº de Kms entre ciudades, menos pasajeros, menos unidades, más tiempo ) aumentará la distancia social de la «España vacía».

6) Las concentraciones de personas de diferentes grupos sociales en actos como fútbol, teatros, mítines o manifestaciones, basadas en el calor del público, reducen la distancia social ,facilitando los procesos de igualdad, integración e inclusión social. La paradoja radica en que la aplicación de medidas para fijar la distancia de seguridad, «aumentarán la distancia social«

¡Y llegó el virus de la COVID-19!. Un nuevo agente «social» epidémico (epi y demos =sobre el pueblo), el virus que se incorpora como protagonista a la ecuación: persona o grupo contagioso (estigmatizado) / virus patógeno / persona susceptible. El virus cambia las características de la distancia social . Las características físico-químicas del medio ambiente, tamaño del virus, su viabilidad en el medio ambiente, patogenicidad y concentración infectante, son factores que han permitido cuantificar longitudinalmente la «distancia social» en la COVID-19.

¿Distancia de 1,5 o 2 metros ? ¿ o 5 m ? Se podrá discutir sobre datos conocidos, algunos desde hace mas de 70 años, como:

1) Los virus en los procesos respiratorios son eliminados en concentraciones variables al hablar, reír, toser, estornudar (mayor eliminación ) y espirar (mínima). Además de las gotitas de rápida sedimentación, eliminadas al toser o estornudar, siempre se eliminan núcleos goticulares de diámetro inferior a una milésima de milímetro (como todos los virus) que se mantienen en suspensión durante tiempo indefinido.

2) La concentración y viabilidad depende también de a) el tipo de virus y su resistencia, b) la dispersión por las corrientes convencionales de aire ( en lugares cerrados como habitaciones, tren o autobús, se mantiene más concentración y más tiempo), c) temperatura y humedad ambiental y d) la acción viricida de rayos U.V.

Es sorprendente cómo se ha popularizado desde los medios de comunicación (periodistas, políticos, incluso expertos) la insistencia de aumentar las distancias sociales, cuando se refieren en realidad a la distancia física, medible, de separación, de seguridad, o interpersonal. Éstas sí son deseables para frenar los contagios, aunque provoquen los indeseables incrementos de las distancias sociales.

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