EL AGUA, COMPUESTO VITAL.

“Algo tendrá el agua cuando la bendicen” (Popular)

  El agua está o debe estar siempre en el punto de mira de todo el mundo. La ONU tomó conciencia y desde el año 2000 viene organizando diversas actividades. Acordó dedicar el 2003 como año Mundial del Agua Dulce, el 2013 como año Internacional de Cooperación en la Esfera del Agua, el día Mundial del Agua el 22 de cada marzo y la semana Mundial del Agua, la última de cada mes de agosto.

  Es tan importante el agua, que su simple escasez acarrea múltiples y graves conflictos humanos. La ONU estableció (2003) que”sus carencias para bebida, higiene y seguridad  alimenticia  infligen enormes privaciones a más de mil millones de humanos”  y, por supuesto, su carencia total es incompatible con la vida. No es de extrañar que todas las civilizaciones hayan priorizado la posesión y control del agua, hasta el punto de considerarla una de las claves para explicar aspectos trascendentes como los movimientos migratorios, tragedias bélicas, desaparición de civilizaciones o progresos de la humanidad.

Está presente en el arranque y desarrollo de todas las religiones; en la cristiana:”…y separó las aguas…”,”el diluvio universal”, “…caminó sobre las aguas”, “…convirtió el agua en vino”, “…rogó por la lluvia” y otras innumerables alusiones.

  En todos los tiempos ha sido protagonista de las obras más importantes de ingeniería y arquitectura y su alusión en la literatura y pintura ha sido una constante. Además, actualmente el deporte, el ocio o las vacaciones no se conciben lejos del agua.

  El mundo científico siempre se sintió fascinado por las características del agua y no han dejado de aparecer noticias de hallazgos revolucionarios sobre aplicaciones energéticas o terapéuticas que, como “agua en un cesto”, pronto desaparecen. No obstante se han hecho avances notables en las investigaciones sobre el origen de la vida y otros aspectos de la Biología y la Medicina.

  Philip Ball ( H2O, Una biografía del agua ), revisa ampliamente el papel del oxígeno atmosférico y el del agua sobre el inicio y desarrollo de la vida. Relaciona la concentración de sales en el mar y en el organismo humano para explicar las corrientes marinas, la circulación, la presión, la formación de hielo y vapor de agua, la regulación térmica y  resistencia a los cambios de  temperatura, etc.

  Se suele asignar al carbono el protagonismo de la vida; es injusto, al menos lo debería compartir con el agua ya que, hasta la síntesis de proteínas a base de incorporar aminoácidos se hace liberando agua y, tanto en el ciclo del carbono como en el del nitrógeno, el agua es necesaria como “lubricante”.

 ¿Y qué pasó con el oxígeno? Al principio la atmósfera era anaerobia (sin oxígeno libre) y el oxígeno estaba ligado, formando compuestos como el monóxido o el dióxido de carbono y la vida debió surgir en una atmósfera de vapor de agua. Para L.Margulis, las cianobacterias (bacterias fotosintéticas, que se las sitúa en los principios de la vida) utilizaron el hidrógeno del agua, pero liberaron a la atmósfera gran cantidad de oxígeno. Como vemos “la gran revolución biológica de la historia se hizo en el agua”.

  El oxígeno libre es venenoso para los seres vivos y por eso la vida primigenia se debió desarrollar en un ambiente anaerobio acuoso. Las bacterias, primeros seres vivos del planeta, sólo pudieron sobrevivir en la atmósfera cuando la concentración de oxígeno atmosférico bajó al 21 % y fueron capaces de neutralizarlo mediante una ezima, la superóxido dismutasa, producida en el plasma (acuoso) celular. No todas las especies pudieron adaptarse y lo verificamos en Medicina con patógenos anaerobios, como el bacilo tetánico, y aerobios, como los estafilococos.

  También es tóxico el oxígeno libre, y el peróxido de oxígeno, para las células superiores. El organismo humano salva el problema con el sistema del plasma celular superóxido dismutasa-catalasa, que  mantiene a raya al oxígeno libre que llega a los pulmones y permite de forma ingeniosa el uso beneficioso del oxígeno.

  Z. Bauman (Premio Príncipe de Asturias 2010) creó el concepto de “modernidad líquida” para explicar la situación del hombre en una sociedad donde, como en un “mundo líquido”, todo es dinamismo, cambio, emisiones y captaciones rápidas y fluidas de conocimientos, bienestar y fracasos. Este concepto social coincide con las propiedades del agua,  constituyente del mundo líquido vital humano, ya se refiera al espacio físico externo o al interno del organismo.

   Es la misma idea de la Medicina Tradicional China, que consideraba al hombre como un mar interno donde los fenómenos humorales fluían en todos los sentidos, al estilo del “mundo líquido”. En la misma línea, Galeno, siguiendo la tradición griega, fija el control del organismo en los clásicos fluidos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Estos fluidos, según su dominio, explicarían la alteración de los temperamentos humanos, sobre los que se establecían los principios terapéuticos.

  El agua es objeto de estudio prioritario en disciplinas tan diversas como Ciencias Químicas, Geografía Social, Agricultura o Ciencias Políticas, y es protagonista indiscutible en Ciencias Biológicas incluida la Medicina, naturalmente. Además todo lo que fluye, los líquidos, responden a los principios físicos del agua. Por eso la ciencia que estudia los fluidos se denomina Hidrodinámica, con los matices que adquiere en cada especialidad, como es el caso de la Hemodinámica en Medicina.

  Por su omnipresencia, pocas veces se tiene la percepción de su protagonismo en la vida cotidiana. En el ámbito de la Medicina ocurre algo similar, a pesar de los créditos sobre Hidrología que se cursan en algunas Facultades y la especialidad vía MIR de dudosa continuidad.

  ¿Cuál es la importancia objetiva en Medicina? Tendríamos que diferenciar la acción exterior de la interior.

  En el exterior, el agua se presenta bajo los tres estados conocidos por todos, pero no por ello son menos sorprendentes y únicos respecto a otros compuestos. Desde el 2016 se conoce un cuarto estado, el EZ (de Zona de Exclusión) cuyo impacto en Medicina es todavía una incógnita.

  En estado líquido es utilizada como agua de bebida, vehículo de minerales, nutrientes y productos para desinfección o como elemento de limpieza y arrastre de suciedades. 

 Sirvan algunos ejemplos: lea la composición del agua embotellada de cualquier marca, pues el agua del grifo de su casa es similar, pero más barata; las aguas cloradas de abastecimientos, el agua y jabón, las aguas medicinales como el “suero oral”  y la solución salina (goteros)  han salvado la vida de más millones de personas que todos los antibióticos y vacunas juntas.

  La talasoterapia y la balneoterapia (Hidrología Médica) están entre las aplicaciones tradicionales del agua. “El agua no enferma, ni embeoda ni adeuda” (refrán castellano). Lamentablemente no gozan de mucha fiabilidad actual, por la escasez de investigaciones rigurosas y la falta de evidencias científicas de sus resultados.

  El agua caliente tiene aplicaciones diversas, como el “baño maría” para la esterilización fraccionada de productos sanitarios termosensibles, la higienización de la leche o el escaldado de ropas contaminadas por ejemplo.

  La forma gaseosa, el vapor de agua, aporta la humedad ambiental imprescindible para el  normal funcionamiento de las mucosas oculares, nasales y bucales, como bien conocen los asmáticos, cantantes, etc. Tiene aplicaciones similares al agua caliente y su uso a presión en un recipiente hermético, como el autoclave (un tipo de olla a presión), asegura la esterilización de cualquier contenido.

   El hielo como forma sólida, aporta menos aplicaciones a la Medicina, pero algunas son notables. Más que un método de esterilización, eficaz sólo para algunos patógenos, debe considerarse como un sistema de conservación, que evita la multiplicación de patógenos. La congelación de una suspensión bacteriana, medicamento, etc. seguida de una desecación por el vacío, es el método de la liofilización, universalmente utilizado y eficaz conservador  como pocos.

  Por otra parte el agua no carece de efectos negativos y puede resultar trágica para el hombre. Además de los desastres naturales y los naufragios, sólo por ahogamientos en playas y piscinas mueren en España entre 300 y 600 personas cada año. Y son innumerables las víctimas de  infecciones adquiridas por ingestión de aguas contaminadas en el mundo.

  En el interior del organismo el agua resulta providencial para numerosos y vitales  fenómenos. Citaremos algunos:

– el metabolismo humano se equilibra mediante la ingesta-eliminación de agua. Los adultos necesitan una ingesta de 2-2,5  litros diarios, contemplada el agua de bebida y la composición acuosa porcentual de los alimentos. Este aporte es fundamental considerando que más del 60 % del peso humano es agua (entre el 60 y el 80% según la edad). En un organismo de 70 K de peso, 40 son de agua de los que 25litros serían intracelulares y 15 extracelulares (3 de plasma y 12 intersticiales y transcelulares: saliva, jugo gástrico, líquido cefaloraquídeo…)

Sangre.-todo el flujo esta animado por el motor, corazón, de la magnífica “planta hidráulica”que sigue las leyes de la Hemodinámica.

-la absorción en tracto digestivo es muy rápida pasando a sangre; desde aquí se distribuye a células y tejidos según necesidades. Éstas vienen reguladas por las diferencias de presión osmótica tanto en el compartimento intracelular como en el intersticial.

-el plasma sanguíneo lleva los nutrientes y desechos celulares. Es la fase líquida, isotónica, como la solución salina al 0,9 %, para que no se dañen las células o fase celular de la sangre.

-el hecho de que el agua tenga el mismo el mismo número de protones (+) que de electrones (-) (H 1:1, O 8:8),  le confiere la característica de compuesto neutro. El agua de la fase líquida permite la regulación del pH a base de hidrogeniones, iones de bicarbonato, etc. hasta situar el pH de la sangre en 7,4, lo cual es clave para el intercambio  oxígeno-CO2.  En este sistema se garantiza la ausencia de toxicidad del oxígeno, su uso adecuado y la eliminación de los productos de desecho, especialmente el CO2.

Orina.- Es el fluido más popularmente conocido como indicador de salud. “Buena orina y buen color/ y tres higas al doctor” (Góngora)

 En torno al 95% de su composición es agua y la eliminación, de 1 a 1,5 litros día, depende de la ingesta, sudoración, función renal, etc. Es el resultado de la filtración de la sangre en el glomérulo renal y posterior reabsorción tubular donde se recuperan los elementos útiles y se descartan los perjudiciales como toxinas, urea y ácido úrico.

 A veces se daña el sistema hidrodinámico a nivel renal por alteraciones funcionales u orgánicas, como en casos de deshidratación, hipovolemia, diabetes o insuficiencia renal. Entonces varía la cantidad de orina hasta situaciones patológicas denominadas anuria, oliguria o poliuria.

Contenido digestivo.- Es difícil cuantificar su contenido acuoso en condiciones de normalidad (jugo gástrico, secreción intestinal, contenido fecal ), pero es muy importante su control en situaciones patológicas. Las diarreas y los vómitos, con frecuencia asociados, pueden llevar a la deshidratación con pérdida de agua y electrolitos que, según la OMS, es una de las causas principales de muerte en el mundo.

 Ligadas al agua, tenemos dos clases de diarrea: a) las osmóticas, con muy alta molaridad fecal, mayor que la plasmática, lo que explica la llegada de agua al tubo digestivo  desde los tejidos. Ocurre en síndromes de malabsorción, colon irritable,etc.  b) en  las secretoras,  producidas por infecciones sobre todo (cólera, disentería, enterocolitis…), se eliminan electrolitos y agua desde la pared lesionada hacia la luz intestinal.

  En el diagnóstico, las formas de medir el componente acuoso en el organismo humano son muy diversas.

 Unas son directas; el médico nunca olvidará la exploración clínica mediante la percusión o auscultación ante una retención de líquido pleural, abdominal o de planos profundos. Hoy día contamos con tecnología más cara pero muy precisa, como la espectrometría de masas o el eco-doppler para estudiar la dinámica de flujos y la presencia de edemas y otras retenciones líquidas.

 En otras ocasiones se recurre, indirectamente, a valorar las situaciones de hipotensión o  dinámica urinaria y en la analítica, la pérdida de osmolitos como el sodio y el potasio, el hematocrito etc.

 Pero hay una prueba personal tan vieja y eficaz como la vida misma para verificar la cantidad de agua necesaria en cada momento: la sed. Es cierto que hay situaciones que afectan la conciencia como en los lactantes,  en ancianos o enfermos críticos que deben ser hidratados adecuadamente y las alteraciones de conducta como las potomanías. En general la sed es la prueba irrefutable de la situación hídrica del organismo.

  El tratamiento de la carencia de agua obedece a un principio ineludible: REPOSICIÓN. Atendiendo a las circunstancias se puede recurrir a la ingesta oral de agua potable o con electrolitos (suero salino) o por vía parenteral (transfusiones, goteros de solución salina sóla o como solución de fármacos).

 En las circunstancias de exceso, como en las retenciones, edemas, obstrucciones de conductos, algunos cuadros de  hipertensión, etc se tiene que acudir a técnicas de sondaje, aspiración, drenaje o enemas (“No temas mal que salga con agua”,se solía decir).

No hace demasiados años los médicos eran diligentes en la práctica de las sangrías en hipertensión, congestión pulmonar, cuadros ascíticos y cualquier proceso de dudoso pronóstico. La colocación de sanguijuelas y el uso de la “lanceta” eran prácticas habituales. Todavía se defienden en determinadas culturas, aunque siempre tuvo detractores, que defendían: “Cura más la dieta que la lanceta”.

  En el uso terapéutico del agua debemos estar atentos a prácticas sin evidencia científica o simplemente reprobables, como la ingestión de aguas medicinales “curalotodo” y  de manantiales “milagreros”. Peores son los inductores a la administración de agua con desinfectantes a altas dosis por vía oral o ¡parenteral! Y no son casos raros; bien reciente tenemos la alusión del Presidente Trump a la ingestión de agua con lejía para curar la COVID-19.

 La Homeopatía, algunos la conciben como el consumo de agua destilada con trazas de un veneno o un medicamento. No es exactamente así. Consiste en el consumo de un medicamento que, en diluciones sucesivas en agua destilada, resulta indetectable, con la convicción de haber “memorizado” el agua las propiedades del fármaco. Los defensores de esta práctica no presentan ninguna ventaja sobre otras terapias ni evidencia científica alguna y, aunque pueda parecer una práctica inócua, es muy grave porque se priva a los enfermos, a veces agudos graves, de tratamientos inmediatos de éxito comprobado. ¡”los experimentos con gaseosa”! que dijo Eugenio D´Ors. Lo inaudito es el número de seguidores que tiene la Homeopatía en la actualidad.

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