Una representación de un hígado humano

J.Prieto. 6, Octubre, 2020

  Ayer se hizo pública la concesión del Premio Nóbel de Medicina, del año 2020, a favor de H. Alter, C. Rice (norteamericanos) y M. Houghton (británico), que representan a cientos de personas entregadas, durante los últimos 40 años, a investigar los virus de las hepatitis. 

  El objeto de estas líneas es doble: rendir homenaje a los citados investigadores y llamar la atención sobre la importancia de la Hepatitis C.

  Sólo en los últimos 5 años, esta enfermedad ha causado el doble de muertes que las producidas hasta ahora por la COVID-19. Las circunstancias de la pandemia, de sorpresa sanitaria, presentación explosiva y consecuencias de todo tipo, explican su protagonismo, pero no debemos permitir que la Hepatitis C, como tantos otros graves problemas, pase a un plano olvidado. Las consecuencias podrían ser nefastas.

  Como pruebas de su importancia se destacan: además de la reciente decisión de la Fundación Nóbel, en 1976 se otorgó a Blumberg  también el Nóbel de Medicina por los descubrimientos del virus responsable de la Hepatitis B (VHB), pruebas diagnósticas y vacuna; la OMS, en 2016, adoptó la “Estrategia mundial del sector de la Salud contra las hepatitis víricas (periodo 2016-2021)”; igualmente propuso la celebración del Día Mundial contra la Hepatitis el 28 de julio de cada año y el Día Internacional de la Hepatitis C el 1 de octubre de cada año.

  El enigmático virus.

 Los Bancos de Sangre creyeron eliminar las hepatitis postransfusionales en la década de los 70 tras descartar a los donantes con VHB y VHA. El optimismo duró poco; algunos pacientes sufrían hepatitis unos meses después. Alter, que había trabajado con Blumberg, confió estar ante otro virus. Pero era escurridizo y Alter, con ingenio, más que con la tecnología disponible, tardó varios años en confirmarlo. Efectivamente era muy diferente del VHB. Con las aportaciones de otros muchos, entre los que se citan a Rice y Houghton, se descubrió un nuevo virus denominado inicialmente Virus No A No B y finalmente conocido como Virus de la Hepatitis C (VHC).

  Es un virus ARN, con nucleocápside y envoltura, muy pequeño (35nm), del que se han descrito 7 genotipos y más de 60 subtipos con gran cantidad de mutantes en un mismo enfermo.  Todos ellos tienen un tropismo especial por los receptores presentes en la membrana plasmática de los hepatocitos.

¿Por qué se ha tardado tanto en reconocer el mérito de los premiados?

   La ruta ha sido muy laboriosa. Por ejemplo, Alter necesitó chimpancés y mucho tiempo, por la tendencia hacia la cronicidad del proceso. Houghton y su equipo se encontraron en cada muestra experimental con una quimera de fragmentos, subtipos y mutantes, que debieron ir purificando y cotejando con los anticuerpos específicos de los enfermos, hasta demostrar su responsabilidad durante 10 largos años y lograr luego la secuenciación genética del virus.

  En otro sentido, se ha verificado en el virus una especial “habilidad” para escapar del sistema inmune innato (suprimiendo la inducción de interferón o inhibiendo los efectores antivirales) y de la inmunidad humoral (anticuerpos). De aquí la imposibilidad, hasta la fecha, para la obtención de vacunas frente al VHC.

 Además, las frecuentes mutaciones hacían pensar en resistencias a cualquier fármaco que se probara. Afortunadamente la carrera de antivirales iniciada con el SIDA, nos ha aportado un buen arsenal de moléculas, comercializadas ya 14 ó 15, que, solas o asociadas, garantizan la curación en más del 95 % de casos.

 Importancia de la Hepatitis C.

La hepatitis es una inflamación del hígado debida a causas infecciosas (virus, bacterias, parásitos), inmunitarias o tóxicas. Las infecciosas, y más concretamente las víricas, son las más frecuentes, especialmente las hepatitis específicas que se denominan con las letras A a la G, siendo las más importantes las producidas por los VHA, VHB y VHC.

  La Hepatitis C  (unos 170 millones de casos) se puede presentar como asintomática (la mayoría de los casos), aguda (un 30% de los sintomáticos) o crónica (el otro 70%). La OMS estimó para 2015, un número de 1,7 millones de nuevos enfermos.

  Es destacable la curación espontánea del 15-45 % de los agudos y la evolución a crónicos del resto (70%) que pueden terminar en cirrosis y/o hepatocarcinoma con mal pronóstico. Pero todos son transmisores del virus.

  El diagnóstico puede resultar caro y problemático porque: la clínica no es definitiva y se requieren pruebas de función hepática, serológicas, de biología molecular y biopsia hepática en no pocos casos.

  El tratamiento con antivirales, aunque muy caro inicialmente, es específico, muy eficaz y se ha logrado reducir su precio considerablemente. Ha supuesto una gran victoria terapéutica y uno de los principales argumentos por la aplicación de las investigaciones de los galardonados con el Nóbel.

  Se estima que de los 71 millones de enfermos (2017), fueron tratados ese año 5 millones y ¿20-30 millones? hasta la fecha. ¿Y los demás? En España el éxito del tratamiento hace albergar esperanzas de reducir la enfermedad y la mortalidad de manera drástica en 4 ó 5 años.

 Sobre la prevención debemos insistir en la ausencia de vacunas y centrarnos en las propuestas de la OMS, entre las que destacamos:

           -Se recomienda hacer pruebas diagnósticas a personal de riesgo como consumidores de drogas, homosexuales, presos, transfundidos, hijos de madres VHC positivas, infectados por VIH (por las frecuentes coinfecciones) o personas con tatuajes o piercings.

           -Extremar las precauciones ante cualquier actividad hospitalaria, relaciones sexuales, consumo de drogas, etc. que cursen con el riesgo de contactar con sangre, aunque sea en mínimas cantidades.

  En resumen, la concesión del Nóbel de Medicina este año ha sido, en mi opinión, merecida y muy oportuna, porque permite destacar un problema de primera magnitud, que exige medidas globales y no admite demoras.

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