Teleasistencia
Foto por Owen Beard en Unsplash

“El futuro ya es hoy, ayer es historia”. Durante mucho tiempo se han defendido las ventajas de la asistencia directa. El tiempo, la palabra – la silla, según Marañón- y el fonendoscopio han sido los aliados del médico mejor valorados por el enfermo.

Esta práctica médica sucumbió a las nuevas tecnologías. La escena del enfermo en la consulta, con el médico refugiado tras la pantalla del ordenador, refleja una realidad menos romántica, pero inevitable y ya superada. En muy poco tiempo convergen una serie de factores que explican la revolución actual.

La digitalización

La Historia Clínica ha engordado considerablemente con miles de datos  semiológicos, analíticos, gráficos, fotos, tratamientos, etc. En estas circunstancias, a favor de los avances informáticos, se producen nuevos escenarios que deben citarse.

-La incorporación, a veces forzada, de los sanitarios veteranos, a la masiva “cultura” informática de las nuevas generaciones.

-La tentación de añadir más y más información, a veces irrelevante, por su potencial valor de futuro, tanto médico como investigador y judicial. No olvidar la actualidad de la Medicina defensiva.

-El médico necesita alivio en su labor de burocrática. En la Medicina Personalizada y Participativa encajan, como anillo al dedo, las aplicaciones “symptom checkers”. Aquí, el paciente rellena un formulario con casillas de respuesta unívoca. Anota síntomas, alteraciones sobre dibujos y circunstancias relacionadas. Con esta información, volcada en la Historia, el médico gana eficiencia al ver al enfermo. Porque ver al enfermo, sí que era obligado antes de la pandemia.

-La actual Medicina de las Pes -Precisión, Precocidad, Participación, Personalización y Predicción- implica almacenar, modelizar y transmitir masivamente información vital.

-No le demos vueltas, la digitalización es una realidad indiscutible, un instrumento imprescindible, pero solo un instrumento. Es cierto que su aplicación no está exenta de riesgos, pero compensan los beneficios .

 Según datos españoles del año 2014, se registraron 371 millones de consultas en Atención Primaria. La Asistencia Domiciliaria, con 14 millones de visitas, se dirigió preferentemente a pacientes mayores. En asistencia especializada, los hospitales del SNS atendieron 80 millones de consultas médicas y 4 millones de ingresos.

 Sorprende que, pese a la importancia de la digitalización, su aplicación práctica en la teleasistencia apenas superaba ¡el 0,1 %¡ de las consultas. Es decir, la atención médica directa era obligada.

Con el COVID llegó la teleasistencia para quedarse

   Con los datos citados, extrapolados al año 2020 de la pandemia, se puede deducir otro escenario. La demanda sanitaria se disparó; las plantillas se redujeron por las bajas, y la seguridad obligó al confinamiento. Al principio no existían equipos de protección adecuados ni suficientes para evitar los contagios . Se produjo una quiebra en la relación médico-enfermo, que inmediatamente se alivió gracias al uso generalizado de los teléfonos móviles.

 En poco tiempo se demostró el valor de la teleasistencia en varios campos del Sistema de Salud. Uno de ellos es la distancia y dificultad de acceso médico-paciente. Otro es el de la selección (triaje) y seguimiento remoto de pacientes, acelerando su atención y evitando riesgos de contagio. La hospitalización domiciliaria fue otro campo más, que se benefició de la teleasistencia.

  Se estima la teleasistencia durante la pandemia (marzo-diciembre, 2020) en el 15 % de los casos, frente al 0.1 % de 2014. Correspondería a ¡más de 70 millones! de consultas.La administración, motor de la teleasistencia

  Hace años la digitalización entró de lleno en la gestión hospitalaria y de Atención Primaria (plantillas, turnos, facturación, suministros, etc). La teleasistencia inmediata en programas como los “Códigos” Infarto, Ictus o Sepsis de muchas Comunidades han salvado ya muchas vidas. Sin embargo, apenas se había desarrollado en Atención Primaria, salvo para trámites administrativos y poco más.

La pandemia cambió el panorama. Obligó a implantar rápidamente la teleconsulta, salvo en casos presenciales imprescindibles. Además, en Madrid está prevista su consolidación y  desarrollo inmediato dentro de un marco general de Telemedicina. Se implantará desde el próximo trimestre en las consultas de Atención Primaria, Hospitalarias y de Salud Mental.

Una prueba de la imparable teleasistencia es la iniciativa privada. Tenemos ejemplos  con Telefónica (Movistar Salud), BiteDance,  JD Health, We Doctor y otras muchas.  Algunas extienden ya sus redes a otros servicios, como la distribución de medicamentos.

Apoyos institucionales

  Las Sociedades científicas  han venido primando las relaciones “on line” con sus asociados. Pero, desencadenada la pandemia, desarrollaron todas sus reuniones de trabajo, congresos, campañas, etc. telemáticamente. Y no dudaron en apoyar y potenciar  la teleasistencia con Informes, los “Códigos” ya citados y diversos planes. Es el caso de la SEIMC, la SE de Cardiología, la SEN y otras especialidades, destacando las de Atención Primaria.

 Otro tanto se puede decir de los Colegios Profesionales de Medicina, Enfermería y Farmacia así como de las Asociaciones de Pacientes. Estas últimas adquieren una especial relevancia por su componente participativo y están llamadas a tener un importante papel en la teleasistencia.

Futuro

   Un equipo sanitario ofrece indudables ventajas al enfermo. Gracias a la digitalización, se garantiza el inmediato conocimiento del enfermo por todo el equipo. Así, los pacientes podrán estar “monitorizados” sanitariamente las 24 horas del día, mejorando equidad y calidad asistencial. A pesar de superar a la medicina tradicional (médico de cabecera), había una cierta desconfianza hacia  la teleasistencia.

 La pandemia ha venido a demostrar la eficiencia de la teleasistencia. Se han evitado muchos contagios de pacientes y sanitarios con magnífica colaboración ciudadana y un notable grado de satisfacción. Además, se priorizaba a los enfermos, se anularon citas para consulta, se redujeron las listas de espera y, por tanto, los recursos necesarios. Lógicamente, este “forzoso ensayo” es manifiestamente mejorable, pero es seguro que la teleasistencia llegó para quedarse.

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