La salud está entre los problemas que más preocupan a los españoles. No extraña que los madrileños asistan confusos al conflicto de los médicos de Atención Primaria (A. P.) con la Administración Pública. Es un escaparate social muy sensible y complejo con características similares en toda España. En pleno conflicto se han destacado dos puntos: la falta de médicos y el escaso tiempo disponible para los pacientes. Es una simplificación; hay muchos más factores, de tipo laboral, estructural y económico, que se apuntan implícitamente en este artículo. Además, las demandas sanitarias son insaciables y apremiantes, es decir, que nadie piense en soluciones definitivas con alguna que otra concesión de las partes.

¿Escasez de médicos?

Nunca hubo tantos médicos en España como ahora, situándonos en el entorno de la media europea. Pero los avances sociales, el derecho a la salud, la irregular distribución y la demanda sanitaria, con recursos limitados, crea desequilibrios llamativos.

 Socialmente se percibe una escasa eficiencia asistencial en A. P. y la realidad es preocupante para el futuro por varios motivos. Nuestras Facultades de Medicina públicas y privadas, más de 40, se nutren con los mejores alumnos de bachillerato. A la formación MIR optan cada año cerca de 13.000 “opositores”, de los que unos 8.500 obtienen plaza. De éstas, se reservan 2.300 (2.455 este año) para la especialidad de Médicos de Familia. Es decir, más de 4.000 médicos año quedan fuera del circuito oficial de especialistas. Sin embargo, el 10 % de las plazas de Familia quedaron vacantes sin solicitantes, señal preocupante de falta de atractivos profesionales. Deben añadirse la emigración, como salida digna de muchos jóvenes médicos y las jubilaciones masivas (50 %)  en los próximos años sin alternativas previstas. En otro sentido, la homologación de títulos de ciudadanos extranjeros, que podrían incorporarse a la asistencia pública es problemática y muchos se encaminan hacia la privada.

 La cantinela de que tenemos la mejor sanidad del mundo no es para tanto. Aún así, no podemos quejarnos. Nuestra Sanidad es el resultado de la actuación, en los últimos 50 años, de médicos formados en Facultades, antes masificadas. Destaquemos que el título de especialista en M. de Familia no es imprescindible en clínicas privadas, medicina de empresa, ONGs, ámbitos militares, prisiones, etc. En estos medios no se detectan carencias importantes, superadas, en todo caso, por acuerdos económicos y laborales. En definitiva, estamos ante la paradoja de una especialidad, cuyo título es exigible en asistencia pública, pero no en la privada. Ante las ¿carencias?, la Administración tiene que reaccionar, aunque entre en conflicto con los activistas defensores de la Sanidad Pública.

Gestión de tiempos: 10 minutos por enfermo.

“Horario y función no se pueden aplicar simultáneamente, son incompatibles”. Es un dicho irónico habitual en muchas instituciones. Siempre habrá gente que utilice el cumplimiento del horario para no hacer nada. En la insatisfacción sanitaria cuenta el “escaqueo funcional” y absentismo de unos, agravando la saturación de otros, especialmente cuando escasea el personal. El parámetro tiempo / enfermo, al modo empresarial, es orientador para el Ministerio, pero el rendimiento de un Centro debe incorporar otras medidas. Algunas son las altas, derivaciones hospitalarias, grado de satisfacción, certificación de calidad, estabilidad de plantillas, etc.

En la gestión de tiempos se deben considerar tres apartados.

La administración. El Ministerio de Sanidad, a través del Sistema de Información de A. P. cifra la demanda en 262 millones de visitas año (2021). Una plantilla de casi 30.000 médicos atiende unos 30- 35 enfermos por jornada laboral y la posible dedicación de 10 minutos por paciente. Sin embargo la Administración no tiene en cuenta el incremento anual de unos 30 millones de visitas, frente a un descenso paulatino de facultativos. La política sanitaria nacional condiciona seriamente las estrategias regionales y locales que tienen que hacer frente a sesgos importantes. La burocracia (informes, bajas, estadística, teléfono,…), variaciones estacionarias, poblacionales y de plantilla, son algunos.

Los médicos. “Llevo toda la jornada sin parar y está todo por hacer”. Es una expresión que traduce la frecuente frustración de la consulta, condicionada por múltiples factores. La anotación diaria de interconsultas, aclaraciones, llamadas telefónicas, revisión de informes y protocolos oficiales, solicitudes laborales, preparación de reuniones científicas, etc. resultaría interminable. Explicaría la percepción de algunos de andar como “pollo sin cabeza”. La importancia de la organización del Centro es definitiva: bajas  médicas, comisiones de servicio, vacaciones, liberados sindicales, absentismo laboral, interinos, contratados, fijos discontinuos… Por esta razón, la exigencia de los 10 minutos por paciente es una reivindicación relativa, que no deja de ser una utopía. El tiempo dedicado a un paciente no puede prefijarse; es el que demanden las circunstancias, variables para cada caso. Aclaremos que la “gestión del tiempo” es una asignatura pendiente del médico y su eficiencia depende, en buena parte, de la retribución económica.

Los pacientes. Es un apartado que debe enmarcarse en la presión social, la medida de satisfacción y demanda sanitaria. El número de visitas por habitante y año (5,7 -año 2021) no deja de aumentar, rompiendo las estimaciones estatales. Se incrementan las visitas y los tiempos de consulta en enfermos con procesos de base, en invierno, a la vuelta de vacaciones y en ancianos.

La edad es un factor tan importante, que niños y ancianos copan el mayor porcentaje del tiempo médico. Otro factor a considerar es la patocronia. Por ejemplo, los tiempos de consulta varían según el proceso sea agudo o crónico. En fase de incubación y estado, el tiempo de exploración y diagnóstico es mayor.  Las aclaraciones y explicaciones para el tratamiento, prevención, revisiones, educación sanitaria, etc. alargan los tiempos de consulta. La cita previa – si es cita, tiene que ser previa – para varios meses después, acaba con la paciencia de los pacientes, valga la redundancia. ¿Qué pasa cuando el paciente percibe ineficiencia? Desconfía del médico y del Centro y va directamente al Servicio hospitalario de Urgencias, trasladando la problemática de la A. P. al Hospital.

El tempo apremia

 El problema es político y económico, de prioridades y gestión. El tiempo es oro y no se deben demorar las decisiones. Se consumen 9-10 años para formar un especialista en Medicina de Familia y pasará tiempo en consolidar alicientes para el ejercicio profesional. ¿Se podrán integrar a los médicos sin título de especialista? ¿Son tan diferentes los enfermos de la red pública de los de la privada? ¿Cuantos meses tardará en repercutir el conflicto de A. P. en la calidad asistencial hospitalaria? En las manifestaciones de “batas blancas” se defiende la Pública demonizando a la Privada, que solventa mejor los problemas. ¿Cuanto tiempo tardaremos en copiar, coordinar o privatizar la gestión de la asistencia pública? Algo, menos chapuzas, habrá que hacer rápidamente. En definitiva, el conflicto reconoce factores políticos, profesionales y sociales, requiriendo cambios estructurales, que no son gratuitos. En el fondo, la realidad asienta sobre aquel lema electoral de la campaña de Clinton: “Es la economía, estúpido”.

Médico, microbiólogo e investigador. Fue profesor de varias universidades españolas donde dirigió Tesis Doctorales y proyectos de investigación sobre: diagnóstico, nuevos antimicrobianos, simulaciones en modelos de cultivo continuo y arquitectura de poblaciones bacterianas. Su labor, plasmada en numerosas publicaciones en revistas científicas, libros y artículos de divulgación, ha sido reconocida con diversos nombramientos y premios. En Esfera Salud, sus artículos de divulgación sobre historia y actualidad de la Medicina, están dirigidos al público interesado en temas de Salud.

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