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Foto por Diana Polekhina en Unsplash

4 de marzo es el Día Mundial de la Obesidad…

¿Hay algo peor que una endemia o enfermedad acantonada en el entorno? Está claro, una epidemia, que se refiere al incremento de casos en un área determinada. Sin embargo, cuando una epidemia desborda las fronteras de muchos países, incluso continentes, adquiere la categoría de pandemia; una catástrofe sanitaria. Tenemos la evidencia actual de la llamativa pandemia de COVID-19.

Con frecuencia analizamos las pandemias pensando en enfermedades como la peste, viruela, gripe (1.918) o SIDA por ejemplo. Las asociamos con enfermedades transmisibles de rápida expansión y alta mortalidad. Pero hay pandemias diferentes.

El cáncer, accidentes cardiovasculares o la obesidad, son ejemplos de enfermedades pandémicas, no transmisibles, que afectan a todo el mundo, rural, urbano, ricos, pobres,… Han llegado en poco más de 50 años, entre el regocijo general, a través del tabaquismo, alcoholismo, estrés, sobrepeso,…cual caballo de Troya. Se han considerado instrumentos sociales, controlables y signos de “buena vida”. La paradoja: coexisten con incrementos en las expectativas de vida. ¡Y se han quedado con nosotros! como factores nosológicos, cuando no como verdaderas enfermedades pandémicas.

Cuando no cocíamos nada peor que una pandemia, nos saca de nuestro embelesamiento la ley de Murphy: “Si algo puede empeorar, lo hará”. Sin apenas darnos cuenta, estamos inmersos en un nuevo escenario. Dejemos aparte eufemismos, como factores favorecedores, , coincidencias estacionales, de datos, etc., no exentos de interés, para centrar la importancia del nuevo panorama: la sindemia.

Sindemia

Es un término, de sinergia y epidemia, acuñado por Merrill Singer en la década de los noventa. Se refiere a la suma de dos o más epidemias, empeorando notablemente su pronóstico.

Este término pasó desapercibido hasta el 2.019 cuando se publicó en The Lancet un artículo:” The Global Syndemic…”. Incluía tres pandemias: obesidad, malnutrición y cambio climático, enfatizando sobre la influencia de la última sobre las otras dos. En septiembre del 2020, R. Horton (editor de The Lancet) firmó un artículo señalando que COVID-19 no es una pandemia, ¡es una sindemia! Por una parte reconoce la comorbilidad de enfermedades, pero describe la sindemia como la interacción con factores sociopolíticos: pobreza, capitalismo, desigualdad, etc.

No parece adecuado; se presta a confusión, cuando no dejan de ser factores epidemiológicos condicionantes del COVID, pero nada más, aunque sean muy importantes. Es por lo que muchos políticos confunden en COVID enfermedad con economía. Seguramente sería preferible considerar estos factores como consecuencias o secuelas de la pandemia.

Parece más correcto atender al sentido literal de sindemia como “epidemias sinérgicas”, más allá de la comorbilidad. Por ejemplo, los ancianos pueden padecer simultáneamente: EPOC, incapacidad física, demencia, soledad, pobreza…y no por esto están sufriendo una sindemia. Pero si coinciden dos pandemias en tiempo y espacio (geográfico o demográfico), empeorando pronóstico , entonces podremos hablar de sindemia. Es lo que ocurre con la obesidad-COVID.

Obesidad

El término obeso es de los que procuran evitarse a toda costa; igual que gordo, gordinflón, adiposo, fofo,… resultan peyorativos. Por eso hace años se impuso con éxito el de sobrepeso. Con el tiempo fue necesario diferenciar el sobrepeso, como situación de alarma, de la obesidad, como enfermedad. Ambos se estudian en Medicina bajo el epígrafe de exceso de peso.

En el sobrepeso, el índice de masa corporal (IMC) es de 25-29,9 (peso en Kg. / cuadrado altura en m.). También se conoce como preobesidad u obesidad grado I, porque se ha demostrado mayor mortalidad en estas personas que en población sana. En la obesidad la IMC es superior a 30; cuando es superior a 35 el riesgo se dispara.

Atención al IMC, porque un 20-30 % de personas con IMC menor de 25 pueden tener exceso de grasa. Por eso los expertos prefieren hablar de exceso de grasa, mejor que de exceso de peso.

  • Datos epidemiológicos. En los últimos 30 años se ha triplicado el Nº y sigue en aumento. En el mundo (según OMS): 1.900 millones con sobrepeso y más de 650 millones con obesidad. Mortalidad: 2,8 millones cada año. Además está cambiando el patrón de distribución; ya no afecta solo al primer mundo, se está extendiendo. Es claramente pandémica.
  • En España: entre mayores de 60 años, padecen sobrepeso el 35,5% de los varones y el 40 % de las mujeres. Según Martín y cols ( Med. Clin. 2014), morían por causa achacable a la obesidad 25.000 personas /año. Se reconoce una comorbilidad frecuente con accidentes cardiovasculares (50 %,), tumores (15%) y diabetes (12%).

No se puede obviar el riesgo de un obeso de padecer diabetes, tres veces mayor que en el resto. Más del 60 % de los obesos son hipertensos y más del 75 % hiperlipidémicos.

COVID-19

Aunque los medios nos recuerdan a diario su impacto, recordemos el año de pandemia con datos. En el mundo se han diagnosticado 113 millones de enfermos, de los que han fallecido 2,5 millones. En España se han diagnosticado 3,2 millones con 100 mil fallecidos.

Se asocia la peor evolución con edad (mayores de 70 años), sexo masculino, patología respiratoria, enfermedad cardiovascular (hipertensión, hiperlipidemia,…), diabetes y ¡obesidad!

Obesidad-COVID

En un primer momento se pensó en la obesidad como otro factor más, asociado al COVID, pero había datos contundentes sobre su posible sinergismo.

Movahed (2019) destacó la asociación de la obesidad con la embolia pulmonar, complicación llamativa en COVID. Según otros estudios, la enzima convertidora de angiotensina-2, se expresa más en adipocitos (obesidad) que en otras células. Esta afininidad la comparte con el coronavirus de COVID-19. Por separado podrían tener un dudoso significado estadístico pero hay trabajos clarificadores.

  1. Según Alice, T. en “La obesidad como predictor de peor pronóstico…”, los obesos con COVID (mayor mortalidad), necesitan más frecuentemente ventilación mecánica invasora. Esta relación es parecida en todas las edades, también en menores de 50 años. En Norteamérica (40 % de adultos, IMC superior a 30), se estudiaron los ingresados con COVID en menores de 60 años. El 36 % tenían IMC superior a 30 (representativa de la sociedad americana) y necesitaron ingreso en UCI, entre 2 y 3,6 veces más que el resto.
  2. Simonnet y cols. (2020) destacan que la prevalencia de la obesidad en Francia es del 25 %. Este mismo porcentaje se registra en obesos ingresados en UCIs por problemas respiratorios ¡previos al año de la pandemia! Con la pandemia este porcentaje se ha elevado al 47,5 %. Y cuando el grado de obesidad superaba los 35 de IMC el ingreso en UCI con intubación lo necesitaron el 90 % de los pacientes.
  3. Otras publicaciones españolas, del Reino Unido, etc. refieren resultados similares. Incluso en alguna se confirma la asociación de hígado graso y gravedad de COVID. Se acepta que la suma de ambos procesos ensombrece su pronóstico, independientemente del papel de la edad, diabetes, hipertensión, etc. ¿Se mantendrá la estimación de 25 mil obesos fallecidos/ año de la prepandemia en España? Cuando tengamos los datos de fallecidos por obesidad en España en 2.020, podremos conocer la sobremortalidad de obesos por COVID. Los epidemiólogos tienen la palabra.

Conclusiones

Es evidente la coincidencia de dos pandemias, Obesidad y COVID-19. Conocemos bastante bien el agravamiento del COVID por acción de la obesidad, pero no tanto al revés. Los epidemiólogos lo aclararán. En cualquier caso se trata de una SINDEMIA, coincidencia y sinergia de dos o más pandemias. El término debería reservarse para estas situaciones, que serán cada vez mas frecuentes. Se evitarán confusiones con comorbilidad, secuelas, repercusiones sociosanitarias, políticas, etc., específicas de cada pandemia.

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