Todos los tratamientos requieren un importante componente subjetivo: la confianza en el médico y en la terapia propiamente dicha. Ante una enfermedad, especialmente si es grave, el paciente solo tiene una prioridad: curarse. Todo lo demás es accesorio en un mundo de incógnitas, imposible de controlar. La curación es difícil, imposible a veces, y la elección terapéutica compleja; el enfermo debe sortear efectos colaterales, médicos y sociales. Necesita: actitud positiva, paciencia (de paciente), complicidad, confianza, fidelidad,…que dan sentido al concepto de “autorictas”. Pero las convicciones, la confianza y la fe, son asuntos personales, tanto en el ámbito religioso como médico, incluso en la evidencia científica. “Sin fe no hay salvación ni curación…” (Evangelio, Marcos).

Medicina basada en la evidenciaLos seguidores de esta práctica como la única científica y rigurosa para la toma de decisiones, ahora son relativamente escépticos. Esta práctica médica consiste en la aplicación conjunta de tres áreas: experiencia del médico, evidencia científica publicada y valores y preferencias del enfermo. La primera es un concepto difícil de precisar, se adquiere con el tiempo y está condicionada por nuevos avances, rigidez de protocolos, presión social, etc. Es decir, es un acto de fe profesional. La segunda es cuerpo de doctrina de la evidencia, por la reproducción y comprobación científica de resultados. Pero la proliferación de datos y publicaciones lleva con frecuencia a discrepancias, desconfianzas y escepticismo. La tercera implica la confianza del enfermo, difícil de adquirir cuando se multiplican y publicitan multitud de alternativas de difícil cotejo científico.

En la actual relación médico-enfermo, se demandan explicaciones para todo. Es una pose pero en el fondo las cosas no han cambiado tanto. “Quien tiene fe no necesita explicación; para el que no la tiene, no hay explicación posible” (Tomás de Aquino).

Por eso cada vez se habla más de Medicina basada en la “creencia”. Donde el enfermo no encuentra alivio, está confundido, se angustia por el pronóstico o desconfía de su médico, no hay Medicina convencional que valga. Entonces echa mano de la fe ciega en homeópatas, curanderos, naturistas y remedios varios; la fe religiosa de cada cual nunca está de más.

Estamos ante una curiosa paradoja: nunca hubo tanta eficacia en el control científico de las enfermedades ni tanta desconfianza en la Medicina convencional. Algunos ejemplos pueden ilustrarlo: movimientos antivacunas, Medicina defensiva, consentimiento informado, intrusismo profesional (legislación, Colegios de Médicos) o la Congregación para la Fe (Vaticano).

La psicoterapia. Es una novedad de éxito arrollador, que pretende resolver los trastornos psíquicos o físicos del malestar humano. La multitud de escuelas y sus múltiples modalidades, con terapias de psicoanálisis, conductuales, de pareja, familiares, etc., etc. carecen de un método científico común. No existen parámetros de valoración numérica universal para comparar y reproducir resultados. El objetivo de beneficiar al paciente,  implica medir, que es difícil, y comparar el comportamiento de los sujetos sanos y el de los pacientes. El método pasa por la relación directa del psicoterapeuta y el paciente, exigiendo, como en ningún otro caso, una confianza total para obtener resultados. En numerosas ocasiones, la Psicoterapia no demostró ser más eficaz que un placebo en la remisión natural de un trastorno

Placebos. Han sido aliados de la Medicina a lo largo y ancho de la historia (“Con placebos se vive mejor”, J. Prieto, Esfera Salud). Es el tratamiento complaciente- de aquí el término- ideal para cualquier enfermedad, siempre que se practique por el bien del paciente. No dañará, el enfermo ignorará la inactividad del principio administrado y requiere fe plena en su médico, que en realidad le está engañando. Algunos adquirieron gran popularidad y acabaron funcionando al margen de los círculos sanitarios. Fue el caso de la triaca, el bálsamo de fierabrás o el agua de Vichy. En la actualidad los viales de agua destilada o solución salina, cápsulas de gelatina o comprimidos de azúcar se aplican en diversos casos.

En algunos ámbitos están arrasando prácticas con fuertes creencias y un importante efecto placebo: homeopatía, medicina naturista, acupuntura, quiropráctica, yoga, etc. Tienen en común la decisiva fe en lo que hacen; no saben cómo ni por qué, pero todos confían y manifiestan beneficios. El placebo corre el riesgo de  convertirse en nocebo directo- raramente- o indirecto: euforia, descuido de su enfermedad e incumplimiento de otras normas terapéuticas.

Terapias de contacto. La imposición de manos fue una práctica religiosa-sanitaria muy extendida, practicada inicialmente por autoridades bajo diversas modalidades.  Busca la transmisión de energías favorables para reconfortar, liberar al endemoniado o curar al enfermo. El “toque real” se refiere a la imposición de manos reservada a los reyes franceses e ingleses para curar la tuberculosis; más bien la escrófula. Algunos llegaron a “tratar” más de 4.000 escrofulosos por año, pero inició su decadencia en el siglo XVIII por diversas circunstancias. Una amante de Luis XIV murió de escrófula aunque “había sido muy bien tocada por el rey” según Voltaire. A otros reyes se les atribuyó la curación de la tartamudez, la ictericia, etc. En la imposición de manos se contempla una triple vertiente: puede ayudar en procesos graves, nunca curar y no está exenta de efectos indeseables (taquicardia, ansiedad). Una práctica importada de oriente, de gran repercusión entre la realeza europea, fue la variolización por contacto.

Es indudable que la caricia o la palmadita de afecto de un sanitario al enfermo ejercen  efectos beneficiosos, pero no siempre se necesita el contacto directo. La aplicación de la palabra no es nueva, aunque requiere una dosis mayor de fe. Recuérdese la resurrección de Lázaro o la curación del siervo del centurión mediante la palabra de Jesucristo. Más modestamente, un rato de charla basada en la mutua confianza, mejora la relación médico-enfermo con excelentes resultados. Durante la pandemia, la tele-asistencia supuso, qué remedio, la solución de numerosos problemas.

La curación por la oración. En el plano religioso, frente a la ignorancia, miedo y desconfianza en la Medicina, el enfermo creyente busca la curación por la fe.Los recursos son abundantes:relicarios, escapularios, estampas, plegarias, advocaciones y rituales colectivos diversos contra las epidemias. Además, el imbatible santoral, que funcionó siempre como un surtido vademécum, ofrece remedios para todo.

En casos desesperados, la invocación a Dios está en primer lugar. Luego la relación de santos es interminable, dependiente de la fe de cada uno como se cita con algunos ejemplos. Hay especialistas: muerte súbita (santa Catalina), peste (san Roque), faringitis (san Blas), cefaleas (san Acacio), epilepsia (san Vito), tuberculosis (san Pantaleón), obstetricia (santa Margarita). Otros son menos específicos: fiebres y procesos terminales (santa Bárbara) o pestes, espasmos y epilepsias (san Gil, san Fermín). La prevención tiene también sus preferidos como los accidentes de tráfico y marítimos (san Cristóbal, V. del Carmen) o zoonosis (san Jorge). Los hay que prefieren santos médicos como san Lucas, santos Cosme y Damián o los más recientes médicos beatos Ortitz de Landázuri, Cofiño, etc. Sin embargo, es más frecuente acogerse a la protección de amplio espectro de santa Rita, san Antonio o el Patrono local más próximo.

Durante la pandemia de COVID, muchos enfermos aparcaron su escepticismo religioso volviendo a los actos de fe. Según una encuesta entre italianos, casi el 90 %  habían recurrido al santoral, sin olvidar “poner una vela a Dios y otra… al médico”.

CONCLUSIÓN. Cualquier tipo de creencia ofrece magníficos resultados terapéuticos, siempre que se concilie con una dosis adecuada de confianza en la Medicina. Es más, “el enfermo peca contra su Creador, cuando pierde la fe en su médico” (Ecles. 38:15)

Médico, microbiólogo e investigador. Fue profesor de varias universidades españolas donde dirigió Tesis Doctorales y proyectos de investigación sobre: diagnóstico, nuevos antimicrobianos, simulaciones en modelos de cultivo continuo y arquitectura de poblaciones bacterianas. Su labor, plasmada en numerosas publicaciones en revistas científicas, libros y artículos de divulgación, ha sido reconocida con diversos nombramientos y premios. En Esfera Salud, sus artículos de divulgación sobre historia y actualidad de la Medicina, están dirigidos al público interesado en temas de Salud.

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