Panorama

El sodio (Na) en el organismo humano es un hermano gemelo del potasio; estos metales alcalinos son muy reactivos, complementarios y esenciales para la vida. Fue aislado por Davy después del potasio, por el mismo método de la electrolisis, pero en este caso desde la sosa (soda) cáustica. Los griegos denominaban “natrón” al carbonato sódico y algunos compuestos se utilizaban como analgésicos, “sodanum”.

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Este elemento vital, muy abundante en la naturaleza, forma parte de numerosas asociaciones. Entre las de mayor importancia con sodio, se relacionan: cloruro o sal común, carbonato, bicarbonato, hidróxido (sosa cáustica), nitrato y yoduro entre otras. El bórax, eritorbato sódico o tripolifosfato de sodio son otros ejemplos con indicaciones de interés sanitario, como los jabones, aditivos alimenticios, desinfectantes y pesticidas. Una prueba del interés se puede ver en Google; introduciendo “sodio medicina”  registra 18 millones de resultados, en Google Académico cerca de medio millón.

 A diferencia del potasio, de predominio intracelular, la mayor concentración en el organismo humano es extracelular, desde donde ejerce importantes funciones.

El aporte de sodio con los alimentos del tipo de carnes, embutidos, pescados, marisco o lácteos cubre sobradamente las necesidades diarias del organismo humano. Se estima un requerimiento diario de medio gramo para mantener el balance plasmático adecuado, entre 137 y 145 mili-equivalentes/L. Pero con nuestros hábitos ingerimos unos tres gramos diarios que, a su vez, deben eliminarse para mantener la concentración adecuada. Es decir, vivimos gastronómicamente bajo la espada de Damocles, expuestos a los excesos de sodio con el peligro de la hipertensión.

La sal como moneda de cambio

Diversas civilizaciones utilizaron la sal como moneda, valor convertible estable, en el mercado. Los mayas, egipcios, griegos y romanos la emplearon en algunos trueques comerciales y “salarios” de compensación. Fue muy valorada en ciudades españolas de interior donde era un producto escaso y necesario.

Algo parecido ocurre en la naturaleza a nivel molecular con el sodio, que se puede intercambiar con otros elementos en fenómenos vitales. Este catión tiene un importante papel en la permeabilidad de las membranas, transporte iónico, presión osmótica del medio y equilibrio ácido-base. En muchos tipos de células se ha demostrado la existencia de canales iónicos de sodio para adaptarse a las variaciones osmóticas.

El medio extracelular es clave en el transporte de nutrientes y eliminación de deshechos, siendo el sodio el principal regulador del volumen plasmático. La cuestión es ¿Quién regula a este regulador? La concentración elevada de sodio desencadena la sensación de sed y la baja concentración conlleva la disminución de eliminación de sodio y orina. Los receptores de la sed en el hipotálamo y la vasopresina producida por la hipófisis, se encargan de emitir las órdenes reguladoras. Cuando fallan los sistemas reguladores, receptores, patología de la hipófisis o insuficiencia renal, fracasa la regulación del sodio y las consecuencias son de mal pronóstico.

Las situaciones extremas hablan de su trascendencia. En la hipernatremia (naufragios, desierto, enfermedades,…), la sed, sudoración, poliuria diarrea y alteraciones neurológicas aceleran el cuadro clínico, que puede terminar en coma irreversible. Las hiponatremias (exceso de diuréticos, ingesta exagerada de agua, enfermedades renales) provocan cuadros con síntomas digestivos, musculares y neurológicos, que pueden terminar fatalmente.

Aplicaciones de interés

En el laboratorio. Además de la importancia citada hasta aquí, el sodio tiene otras muchas propiedades y aplicaciones. Tras las investigaciones de Warren en electroforesis, el papel del sodio fue definitivo para separar proteínas y determinar su peso molecular. Algunos compuestos con sodio han mostrado actividad frente a beta- lactamasas similar a la del ácido clavulánico. Por otro lado, los compuestos alcalinos de sodio (hidróxido, carbonato) son imprescindibles en cualquier laboratorio para ajustar el pH de medios de cultivo, soluciones y reactivos diversos.

Funcionan muy bien como soluciones tampón. Cuando algunas muestras no se procesan inmediatamente, las sales sódicas  producen una estabilización aceptable. Se utilizan en cultivos de sangre como anticoagulantes y neutralizadores de algunos antibióticos, que pueden alterar los resultados. Otras aplicaciones habituales son las del tioglicolato, fosfato, azida, laurilsulfato y cloruro sódicos en diferentes medios de cultivo.

En los años 90 observó un curioso e importante fenómeno; algunos enfermos con estafilococias no respondían al tratamiento con cloxacilina activa in Vitro. Un medio hipersalado permitió demostrar la existencia de una subpoblación resistente, responsable del fracaso terapéutico.

En farmacologíaes uno de los elementos más habituales en todo tipo de compuestos. Deben vigilarse especialmente  los administrados por vía sistémica para el balance electrolítico de enfermos graves. La fosfomicina o rifampicina sódica son dos ejemplos.

Las sales sódicas con boro y flúor son importantes componentes de preparados para infecciones óticas, oculares y bucales. El permanganato sódico, muy oxidante, con propiedades similares al potásico, tiene aplicaciones como desinfectante. Otros compuestos sódicos (benzoato, nitrito, propionato, sulfito,…), por su acción frente  a hongos y bacterias, se indican como conservantes o fármacos tópicos.

En abastecimientos de aguas tienen su papel el silico-fluoruro de sodio (prevención de caries) y el hipoclorito sódico (ver cloro). El tiosulfato sódico se puede indicar para prevenir el pie de atleta (piscinas y baños) y el tratamiento tópico de la tiña versicolor. Los citados ejemplos dan idea de los numerosos compuestos y aplicaciones del sodio, pero hay tres que merecen una referencia especial: la sosa, la sal y el bicarbonato sódico.

Sosa cáustica. El jabón

El hidróxido sódico (sosa) es fundamental en la saponificación de las grasas para producir jabón. Es indudable su importancia en la profilaxis infecciosa, salvando a lo largo de la historia más vidas, posiblemente, que vacunas y antibióticos.

 Actualmente asistimos, más por nostalgia que por necesidad, a la recuperación de algunas tradiciones domésticas que no debieron perderse. Recordemos los desvelos de nuestras madres y abuelas en la economía de subsistencia por aprovechar todo, incluido cualquier residuo graso para elaborar el jabón. Era el producto imprescindible en el lavado de la ropa, la desinfección del hogar y la higiene personal.

Y lo sigue siendo, cualquiera que sea su presentación. Periódicamente se repetía el ritual de alejamiento de los niños, lo que suscitaba más curiosidad, cuando se preparaba la corrosiva y peligrosa sosa. En la elaboración doméstica actual, se pone en juego la creatividad, eligiendo los recipientes, cortes y formas de las pastillas de jabón resultantes. Admiten aromatizantes y colorantes naturales, que les dan personalidad y los hace más atractivos y agradables. Pero los accidentes domésticos se deben seguir teniendo en cuenta.

La sal. Cloruro sódico

(Véase el capítulo del cloro). A la importancia médica citada se pueden añadir algunos puntos. La solución salina fue descrita por Hamburger para estudiar la hemólisis “in Vitro”, que logró con una concentración del 0,9 %. Concentraciones más bajas, por el aporte de sodio, son vitales para mantenimiento y desarrollo celular y bacteriano. Concentraciones algo más elevadas en el ambiente caracteriza el desarrollo de las especies halófilas. Pero con el exceso de sal, y por tanto presión molar, la fuerte pared bacteriana no puede impedir la depleción de agua, incompatible con la vida. Se impide así la acción de los patógenos y la putrefacción.

Conservas y salazones, conservadores de alimentos, han sido colaboradores necesarios en la evolución humana, que permitieron al hombre cazador convertirse en sedentario. En cada región  siempre encontraremos alguno de estos productos incorporados a la cultura gastronómica; cómo imaginar nuestro país sin mojama, anchoas, cecina o jamón por ejemplo.

Bicarbonato sódico para todo

Conocido también como sal de Vichy y polvo de soda o de gaseosa, entre otros sinónimos. Antes de conocer el papel de Helicobacter en la úlcera gástrica, no había hogar ni cafetería sin el recipiente de bicarbonato antiácido a mano. Los ulcerosos adquirían una elegante maestría con la dosificación de un “puñadito” a ojo, cuando apretaba la acidez.

Es un reconocido preparado para alcalinizar la orina, tratar quemaduras y  antídoto de todo…o casi. También se puede utilizar como desodorante y blanqueador dental. En algunos ambientes es de uso habitual en el “coqueo”. El bicarbonato con la saliva facilita la extracción lenta y placentera en el consumo de la hoja de coca.

 Del bicarbonato sódico como fármaco destaca, por sus peripecias históricas, el agua natural con gas de Vichy, la ciudad balneario francesa. Durante la epidemia francesa de cólera (1832) se consideró con efectos terapéuticos. Desató el furor farmacéutico y cada epidemia (cólera o gripe), desde entonces, supuso un enorme negocio: el de las aguas y refrescos con gas. Aprovechando la fama, a finales del XIX se fundó en Caldes de Molavella (Gerona) el balneario y la marca “Vichy”. Nada tenía que ver con Vich ni con Vichy. El conflicto estaba servido y así fue: cambios de la marca a “Vichy Catalán” y pleitos sin fin. La soda, tónica, seltz o sifón, gaseosa, etc. pertenecen a otras historias.

¿Tóxico o inocente?

La mujer de Lot, convertida en estatua de sal, puede simbolizar el castigo a ciertos hábitos sobre el consumo excesivo del cloruro sódico. El sodio, a través de la sal común, se ha desprestigiado sanitariamente y corre el riesgo de someterse a un veredicto parcial e injusto. Los médicos la restringen en enfermos, los legisladores la reducen en el pan y, según los epidemiólogos, es una amenaza latente de todo mal. Pero si no se actúa imprudentemente, como sucedió en Sodoma, estamos ante un elemento necesario e inocente.

Médico e investigador español en Esfera Salud | Ver sus artículos

Médico, microbiólogo e investigador. Fue profesor de varias universidades españolas donde dirigió Tesis Doctorales y proyectos de investigación sobre: diagnóstico, nuevos antimicrobianos, simulaciones en modelos de cultivo continuo y arquitectura de poblaciones bacterianas. Su labor, plasmada en numerosas publicaciones en revistas científicas, libros y artículos de divulgación, ha sido reconocida con diversos nombramientos y premios. En Esfera Salud, sus artículos de divulgación sobre historia y actualidad de la Medicina, están dirigidos al público interesado en temas de Salud.

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