Pollyanna

Personaje de ficción según la novela de Eleanor H. Porter (1.913), también llevada al cine. Se refiere a la niña Pollyanna, huérfana de padre y madre, que optimiza cualquier situación para alegrar la vida de los demás.

Siempre se valoraron positivamente las palabras y gestos de apoyo a los que sufren.  Pero es a partir de los setenta, cuando se demuestra la tendencia general de preferir las valoraciones positivas en comunicación frente a las negativas. En 1.978, Matling y Stang describen el “síndrome Pollyanna”: “principio psicológico que retrata el sesgo positivo cuando las personas piensan en sucesos del pasado”. Conocido también como Pollyanismo en Psicología, implica la sublimación de lo bueno y la incapacidad para ver el lado negativo de la realidad.

En Medicina se recurre con frecuencia al optimismo en facetas de comunicación, pronóstico, valoración de tratamientos etc. Suele contar con la simpatía de la Administración, Industria Farmacéutica, periodistas y los propios enfermos, pero fácilmente  se cae en la exageración.

Desde los años 80, los pediatras achacan al “efecto Pollyanna”, las similares respuestas en OMA (Otitis Media Aguda) con antibióticos de diferente actividad. Indistintamente se habla de efecto, fenómeno, principio o síndrome.

Características de enfermedades con “efecto Pollyanna”

La percepción de optimismo pronóstico y terapéutico es habitual en procesos de alta incidencia. Es el caso de cuadros leves o síntomas muy frecuentes, pero pasajeros, como sinusitis, catarros, conjuntivitis, varices, somnolencia, lumbalgia, cefalea, tos, etc.

Cuando no es fácil catalogarlas, se tiende a minusvalorarlas. Ocurre con procesos respiratorios, dermatológicos, psicológicos y nutricionales entre otros. Reciben valoraciones sin rigor alguno, que se prestan al optimismo.  “Es un catarro sin importancia”. “Con un jarabe curará en una semana”. “son granos que desaparecerán con la adolescencia”. “Le pasa a todo el mundo y unas vitaminas bastan”. “No es nada, un tranquilizante o unas vacaciones lo solucionan”. “Con un digestivo se le pasará”. Etc.

Son procesos que no presentan una etiología inicial definida. No se profundiza en el diagnóstico y el tratamiento es sintomático y de prueba, confiando todos en la rápida desaparición del cuadro.

Constituyen un enorme mercado para herboristerías, homeopatías y remedios caseros.   La Industria farmacéutica conoce bien el tema. Los analgésicos, tranquilizantes, antitérmicos, antiinflamatorios, vitaminas, pomadas, cremas, etc. están entre los más consumidos. Por otro lado, conviene reconocer la eficiencia del “fenómeno Pollyanna”, que reduce en buena medida la carga asistencial de los centros de Atención Primaria.

Tres procesos representativos, referidos a continuación, pueden servir para explicar el efecto Pollyanna

Otitis Media aguda (OMA)

La OMA, omnipresente en las consultas pediátricas, es la principal causa de prescripción de antibióticos en la infancia. Sin embargo, en el 40 % de los casos estudiados no se encuentra etiología bacteriana. Se discute si la causa pueda ser vírica, obstructiva, inflamatoria o estructural. En el otro 60 % se documenta el aislamiento de neumococos, Haemophilus y otros géneros bacterianos. En este caso, es imposible confirmar que las bacterias sean patógenas responsables o contaminantes llegadas al área, una vez iniciado el proceso.

El pronóstico es favorable. El 80% de los casos curan espontáneamente en 7-14 días y en los que hay derrame, éste desaparece antes de tres meses en el 90 % de los casos.

El tratamiento habitualmente se hace con antiinflamatorios, analgésicos y antibióticos.    Tras lo referido, considerando la curación espontánea, solo 1 de cada 7 pacientes se beneficiaría del tratamiento antibiótico empírico. Amoxicilina, amoxicilina-clavulánico y cefuroxima, que están entre los más utilizados, presentan una eficacia in vitro muy diferente frente a las bacterias antes citadas. En la efectividad, estudios experimentales “in vivo”, se reducen las diferencias, siendo parecida su actividad. Pero en la práctica no compensa practicar la timpanocentesis, aislar el patógeno causal, si existe, y estudiar su sensibilidad. La ética, el tiempo y la eficiencia jugarían en contra.

Al valorar la eficiencia nos encontramos el “efecto Pollyanna”. Cualquier antibiótico administrado en la OMA ofrece magníficos resultados, prevención de potenciales complicaciones y plena satisfacción del paciente. ¡Todo en positivo!

Sin embargo, los “pollyannistas” evitan por principio citar aspectos negativos. Los costes, toxicidad, resistencias y resultados similares de tratamientos sintomáticos, incluso de los niños no tratados, no cuentan para ellos.

Gripe

Cada invierno unos diez millones de personas enferman de gripe, pero en años de epidemia se puede afectar del 10 al 20 % de la población. En procesos epidémicos, aunque el pronóstico es bueno, el número de casos graves y muertes en términos absolutos es alarmante. Por eso la comercialización de específicos, como amantadina, oseltamivir o zanamivir se recibió con optimismo. La Administración española se lanzó a reservar, comprar millones de dosis y almacenarlas…hasta su caducidad.

Solo requieren hospitalización los enfermos complicados o de alto riesgo (2-4 %). Y solo éstos son tributarios del tratamiento etiológico, confirmando el diagnóstico en fase inicial (de replicación viral) y controlando los factores de riesgo.

En personas sanas el cuadro gripal cura espontáneamente en una semana con tratamiento sintomático o en siete días sin tratamiento, como se dice popularmente. Es un cuadro de atención domiciliaria, sin diagnóstico microbiológico habitualmente, por lo que puede confundirse con otros procesos catarrales. Por tanto en estos casos, la inmensa mayoría, responden igual de bien a los antitérmicos, analgésicos, infusiones con miel o antigripales específicos. Cumplen el “efecto Pollyanna”

COVID-19, resfriado común

El resfriado común es la enfermedad más prevalente, causada por diversos tipos de virus, entre los que están los coronavirus. Uno de éstos produce el nuevo resfriado conocido como COVID-19. Por la alarma producida, el hallazgo de nuevos fármacos antivirales y monoclonales está rodeado de grandes expectativas. El Gobierno, como en la gripe, ya comenzó a comprometer importantes cantidades.    

Salvo por la presentación pandémica, la nueva entidad, especialmente la de las variantes actuales, no difiere mucho de los típicos  resfriados. El pronóstico es benigno y la letalidad, cuando incide en sujetos sanos, reinfectados o vacunados, es muy baja.

Se produce por infección del epitelio respiratorio superior, en el que queda limitada la replicación vírica.

Como en la OMA y en la gripe, los tratamientos sintomáticos, incluidos los remedios caseros y los antimicrobianos usados empíricamente ofrecen similares resultados. Por tanto, el tratamiento de COVID no complicado es otro caso típico de “efecto Pollyanne”, porque ¡la curación es la regla!

¿Están expresamente indicados los nuevos antivirales específicos?  Son costosos, no exentos de toxicidad ni de selección de resistencias. Actúan sobre la replicación vírica, producida fundamentalmente en periodo de incubación y al principio de la enfermedad.  Entonces, el antiviral deberá ser administrado precozmente, con diagnóstico etiológico, y siempre tras la valoración individual por el médico. Por tanto, en la práctica, no parece indicado el uso de antivirales específicos en casos leves. Eso sí, administrados bajo el prisma “Pollyanne”, los resultados serán magníficos. Aprendiendo de la gripe, conviene evitar gastar un dineral en comprometer y almacenar fármacos sin evaluar bien su indicación, eficiencia y caducidad.

En los hospitalizados, si ingresan tras 8-10 días de enfermedad y ha cesado la replicación, los antivíricos serán inactivos. Las complicaciones debidas a reacciones del enfermo (“tormenta de citoquinas”, coagulación, fibrosis pulmonar,…), requieren otro enfoque terapéutico.

En resumen: bienvenidos los antivirales para el COVID-19, pero es dudoso su éxito masivo fuera del “efecto Pollyanne”.

Médico e investigador español en Esfera Salud | Ver sus artículos

Médico, microbiólogo e investigador. Fue profesor de varias universidades españolas donde dirigió Tesis Doctorales y proyectos de investigación sobre: diagnóstico, nuevos antimicrobianos, simulaciones en modelos de cultivo continuo y arquitectura de poblaciones bacterianas. Su labor, plasmada en numerosas publicaciones en revistas científicas, libros y artículos de divulgación, ha sido reconocida con diversos nombramientos y premios. En Esfera Salud, sus artículos de divulgación sobre historia y actualidad de la Medicina, están dirigidos al público interesado en temas de Salud.

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